viernes, 26 de septiembre de 2025

 

SOLSTICIO DE INVIERNO 2025

Hermanos del Silencio y de la Luz, herederos del fuego que no se extingue, guardianes de la llama secreta que arde aún en la noche más larga

Introducción:

El solsticio de invierno marca el instante en que el Sol alcanza su menor altura aparente en el cielo, dando lugar a la noche más larga del año y al día más breve. En el calendario natural, es un punto de inflexión: el tiempo de oscuridad culmina, y comienza, aunque imperceptiblemente, el retorno de la luz. Esto ocurrirá exactamente el día 20 de junio a las 22:41 minutos, para nuestro país.

Nos reunimos hoy no para temer la oscuridad,

sino para honrar su lección.

Porque solo quien ha descendido

puede comprender el valor de la ascensión.

Y solo quien ha abrazado el Silencio

puede escuchar la Voz que realmente importa.

Para muchas culturas antiguas, este momento era sagrado. Y para el camino masónico, también lo es. El simbolismo del solsticio nos invita a una pausa profunda, a un recogimiento interior que nos conecta con el ciclo eterno de muerte y renacimiento, de silencio y palabra, de sombra y revelación.

En este Solsticio de Invierno,

cuando la luz visible se retira hacia el misterio,

invocamos la claridad invisible

que solo se revela en el corazón del iniciado.

Este no es un tiempo de acción externa, sino de labor interior. De encender la luz en el centro del Templo, cuando afuera reina la noche. Es un llamado a mirar hacia dentro, a evaluar nuestro trabajo, a reconocer nuestras sombras y a redescubrir la llama que nos habita.

Que la noche no nos asuste,

pues es en la profundidad del invierno

donde germina la semilla del despertar.

Hermanos del Silencio y de la Luz,

hagamos del Templo un lugar sagrado,

de nuestra quietud, una ofrenda,

y de nuestra conciencia, un faro.

En esta plancha deseo compartir una meditación simbólica que une la belleza del fin del otoño con la profundidad espiritual del solsticio.

Expondré una reflexión, nacida de observar la naturaleza, que aun me asombra y conmueve, que llega al alma, y espero que, al compartirla con mis hermanos, llegue también a vuestras almas, y unirnos en la contemplación, meditación, de los ciclos que transforma a esta naturaleza, que también compromete nuestras existencias, ya que formamos parte de esta.

Hoy no venimos a buscar respuestas.

Venimos a sostener la pregunta con dignidad.

A templarnos como el acero,

en la fragua interior de la espera y el sentido

Queridos Hermanos, apelando a vuestra fraternidad y a vuestra tolerancia, os invito a entrar conmigo en un relato, a veces realista, a veces surrealista, pero siempre profundamente humano, inspirado en existencialismo del francés Jean Paul Sartre, el psicoanálisis del sueco Carl Gustav Jung; y de la compasión y perdón del psiquiatra austriaco Viktor Frankl.

Que este instante sea un umbral.

Que esta sombra sea matriz de aurora.

Y que la Luz que nacerá no venga de afuera

sino del fuego redescubierto en nuestro interior

Os pido que no juzguéis con la lógica, sino que escuchemos juntos con el alma,
como quien entra a un templo sin paredes, a un sueño que es también memoria,
a un símbolo que late con abstracción y misterio.

Os invito, con humildad, a transitar estas palabras como un viaje, no como un fin,
sino como un regreso a lo que siempre estuvo allí, esperando que lo miremos sin miedo: solo debemos buscarlo.

 

2.- DESARROLLO

2 a) Meditación solsticial: Entre la Bruma y la Luz…En el umbral del solsticio de invierno

Finaliza el otoño,
y con él se despide en silencio una estación que aún canta en colores.
Las hojas caen como suspiros antiguos:
rojas, naranjas, verdes, amarillas
dejando tras de sí una sinfonía de colores:
hojas rojas como brasas antiguas,
naranjas que recuerdan la luz del mediodía,
verdes que aún resisten la despedida,
y amarillas como vestigios del Sol en retirada…
alfombras vivas que crujen bajo los pasos del tiempo.

Los cerros, guardianes del horizonte; testigos del tiempo
se tornan azules y celestes,
reflejando en el rio Bio-bío
una serenidad que invita al recogimiento.
El río, eterno aprendiz y maestro,
nos recuerda que el cambio no es ruptura,
sino continuidad, que todo fluye

Una bruma leve —mestiza de niebla y humo
se posa sobre los tejados,
se cuela entre las ramas desnudas,
envuelve los hogares y los corazones,
como símbolo de lo velado,
de aquello que sólo el verdadero iniciado
puede reconocer: un velo entre mundos
el de afuera, que se enfría;
el de adentro, que comienza a arder.

Hermanos, estamos en el umbral.
La noche más larga se avecina.
El sol parece dormirse bajo el horizonte,
pero no desaparece:
se recoge, se concentra,
preparando su retorno.

Así también nosotros, hijos del Templo,
debemos recogernos.
No para dormir, no para descansar; sino para despertar.
No para huir de la oscuridad,
sino para encender en ella la luz de lo esencial.

Porque el solsticio de invierno no es sólo la noche más extensa,
sino el punto exacto donde la luz comienza a regresar.
Y ese punto; está también en nosotros.

En lo profundo del Taller,
bajo el manto de la noche simbólica,
resuena una sola verdad:
la luz no muere, se repliega.

El Fuego Sagrado no se extingue,
aguarda, bajo la piedra,

como brasa viva en el corazón del iniciado.

Y así, mientras la naturaleza se transforma,
también nosotros nos preparamos para el recogimiento del invierno,
ese tiempo de adentro, donde también pueden renacer fuegos.

Porque todo final es un umbral,
y todo ocaso, es promesa de oriente De un nuevo amanecer.

Que el silencio de este solsticio sea fértil.
Que el frío purifique.
Y que, en el crisol del invierno,
se temple el verdadero masón
el que no teme la noche
porque conoce la promesa, conoce la senda al hacerla…

 

2 b) En el Umbral del Silencio: Meditación sobre la Luz, la Oscuridad y la Transformación"

 

En el principio, solo había silencio.

Y el silencio no era ausencia,

sino latido invisible, gesto contenido,

promesa de un nombre aún no dicho.

Entonces vino la Oscuridad.

No como enemiga, sino como cuna.


En su vientre reposaba la semilla que aún no conocía la forma,

pero ya deseaba la llama.

Allí, en lo más hondo, donde todo parece detenerse, algo comienza.

La Oscuridad me habló no con palabras, sino con memoria.

 

Me recordó todo lo que fui antes de olvidar: el barro, el fuego, la estrella,

 el vestigio de una antigua elección.

Y cuando ya no pude huir de mí,

cuando el velo cayó y vi mi sombra reflejada en la piedra,

entonces vino la Luz. No como fulgor repentino,

sino como susurro que roza el alma sin herirla.

 

La Luz no borró la Oscuridad. La abrazó.

Juntas danzan como aliento y pulmón,

 como agua y sed,

como pregunta y despertar.

 

Comprendí entonces que no hay transformación sin noche.

 Que la aurora es hija del abismo. 

Que la herida es también umbral.

 

Hoy camino entre ambos mundos,

con la lámpara encendida y la sombra a mi lado.

No como carga, sino como guía.

Porque ya no temo caer,

sí en el fondo me espera mi verdad más desnuda.

 

2 c)   El Símbolo: Lenguaje de lo Inefable, Odisea Interior del Iniciado Consciente

Cuando la palabra dejó de alcanzarme,
el símbolo se alzó
como una antorcha sin fuego,
pero con sentido.

No decía. …Sugería.
No explicaba …revelaba.

Y yo, que venía de la Oscuridad,
comencé a ver
no con los ojos
sino con el alma entrenada
en el arte de lo invisible.

Cada forma era una vibración.
Cada gesto, un espejo.
Cada figura callada
contenía un abismo:
la estrella,
la piedra,
la escuadra,
el compás

no eran cosas,
eran preguntas vivas.

Comprendí que el símbolo
no busca ser entendido…sino habitado.
Que no se posee…se caminaSe respirase encarna.

Allí donde el intelecto se detiene,
comienza su reinado.
Porque el símbolo no da certezas,
da sentido.
Y en su ambigüedad
reside su fuerza.

El iniciado no recita símbolos,
los atraviesa.
Cada símbolo es una puerta
y cada iniciado una llave.
Cada símbolo un silencio
y yo…
y yo una voz que aún no sabía cantar.

En el centro del Templo,
vi el signo más sencillo:
una piedra.
Y entendí:
nací como materia sin forma,
pero fui llamado
a volverme obra.

No hay símbolo más profundo
que la vida
cuando se ofrece
como sendero de transformación.

Así, entre velos, empecé a ver.

Y en ese ver sin ojos,
y escuchar esa palabra no dicha,
en esa imagen que ardía,
nació la primera luz.

Todavía débil.
Todavía temblorosa.
Pero mía.

Y supe que estaba más cerca.

La Oscuridad me había enseñado a mirar.
Ahora el símbolo me enseñaba a comprender.
Y la Luz…
la Luz ya no era promesa,
la luz era el camino.

 

REFLEXION FINAL

QQHH:. Vivimos en un tiempo donde la claridad se nos ofrece como valor supremo, donde la luz es celebrada y la oscuridad temida. Sin embargo, el sendero iniciático nos ha mostrado una verdad más profunda: la transformación no acontece en la superficie luminosa, sino en las profundidades veladas por la sombra.

Al cerrar los ojos del cuerpo, se abren los del alma. En esa interioridad, nos descubrimos en una caverna sin faroles ni estrellas, donde lo único que habita es nuestra propia conciencia. Es allí, y no en otro sitio, donde comienza el verdadero viaje. No hacia afuera, sino hacia el centro de nuestra oscuridad.

Pero la oscuridad, Hermanos, no es castigo ni error:
Es matriz. …Es pausa. …Es la noche que acuna al día que aún no ha nacido. Y allí, en ese centro, late una brasaPequeña…Persistente…Eterna.

Esa brasa es lo que aún queda de nosotros cuando todo lo demás se ha desvanecido. Es el fuego cósmico, el símbolo vivo de la conciencia que no se extingue, incluso cuando el mundo exterior ha cesado de iluminar. Al reconocerla, comenzamos a recordar quiénes fuimos… y más aún, quiénes podríamos volver a ser si aceptamos el fuego de la transformación.

Porque ese fuego no quema en el sentido profano.
Ese fuego revela.
Nos muestra las máscaras que llevamos.
Nos muestra la piedra bruta aún por tallar.
Y nos invita, una vez más, a volver a comenzar, a volver elegir.

Así QQHH:  La oscuridad ya no es pozo, sino es una cuna.
Ya no es amenaza, sino crisol de posibilidades.
Y nosotros, que fuimos caminantes temerosos,
aprendemos a ser antorchas vivas,
que iluminan sin destruir,
que arden sin consumir,
que alumbran el camino propio y el de los demás.

Este proceso, Hermanos, no es instantáneo.
Como todo verdadero trabajo, requiere voluntad, constancia, y humildad.
La piedra no se pule con un solo golpe,
ni el alma despierta con un solo amanecer.
Pero, si reconocemos la brasa bajo la piedra,
si le damos al fuego el espacio y la forma,

la transformación no solo es posiblesino inevitable. La invitación, esta noche entonces, es no solo a buscar la luz,
sino a descender confiadamente en nuestra sombra.
No para perdernos,
sino para reencontrarnos.
Y desde allí, desde lo más profundo,
renacer… como luz, como fuego.
Como símbolo vivo del Arte Real.

QQHH de Virginio Gómez González …QQHH de Fraternidad

Somos Hermanos en la Luz y somos hermanos en la Noche,
siempre en tránsito,
siempre en silencio,
siempre en transformación
.

S:.F:.U:.

 

 

La promesa equinoccial

Florecer antes de las hojas: una lección iniciática

Introducción

La naturaleza, en su silenciosa elocuencia, nos ofrece símbolos que iluminan nuestro propio camino iniciático. Al observar los ciruelos y duraznos en esta época, despojados aún de sus hojas, me sorprendió ver cómo brotaban ya sus flores, adelantándose al follaje que habrá de sostenerlas. Esta paradoja natural nos invita a reflexionar sobre la iniciación masónica y sobre el desafío de la existencia humana desde una perspectiva filosófica.

Desarrollo
En la iniciación masónica, el recipiendario entra al Templo privado de la luz exterior y de los soportes que lo han acompañado en su vida profana. Como el árbol desnudo en invierno, parece carecer de sustento. Sin embargo, la ceremonia lo impulsa a florecer primero: a pronunciar su compromiso, a manifestar su voluntad de transformación, antes de recibir el alimento de las enseñanzas, el abrigo de la fraternidad y la guía de la Sabiduría. El florecimiento anticipado es un acto de fe en la savia interior que ya lo habita, aunque él mismo no la perciba.

La floración temprana de los frutales nos enseña que la fuerza no proviene sólo de lo visible. Así como el árbol ha acumulado savia en el silencio del invierno, el iniciado ha preparado su alma en la quietud de la búsqueda, en la noche de sus preguntas y desvelos. El brote que antecede a la hoja es símbolo de ese momento fundante, donde la belleza y la promesa aparecen antes que el sostén racional y visible.

Desde la filosofía existencialista, este gesto encuentra un eco profundo. Kierkegaard nos habló del salto de fe: atreverse a dar un paso sin garantías, confiando en lo invisible. Sartre, por su parte, nos recuerda que el hombre se define por su acto de elegir, incluso cuando carece de fundamentos absolutos. Así también florece el árbol: sin certezas de sol o de lluvia, desplegando su colorido en medio de la intemperie, porque su ser lo llama a manifestarse.

El existencialismo y la iniciación convergen en esta verdad: no siempre tenemos todas las hojas antes de dar nuestro fruto, pero es en la valentía de florecer cuando comienza nuestra verdadera transformación.

Conclusión
Queridos Hermanos:
La enseñanza de los ciruelos y duraznos en flor es clara: debemos atrevernos a florecer aun en la desnudez, confiando en la savia que la vida ha depositado en nuestras raíces. La iniciación masónica nos invita a ese mismo acto de osadía: dar el paso hacia la Luz aunque todavía no tengamos el sustento de todas las certezas. Y la filosofía existencialista nos recuerda que somos libres para elegir ese gesto de afirmación, aunque el mundo no nos garantice seguridad alguna.

Que nuestras flores, como las de los frutales, sean el testimonio de nuestra confianza en la vida, en el Oficio y en la fraternidad. Y que, tras ese florecimiento valiente, vengan las hojas que nos sostengan y los frutos que alimenten a otros.

S:.F:.U:.

miércoles, 11 de septiembre de 2024

 

QQHH RECIEN INICIADOS





Es un gran placer darle la bienvenida a nuestra centenaria logia Fraternidad N° 2, Hoy, comienzan un viaje que ha sido recorrido por generaciones, y ya somos más de mil iniciados en este camino de crecimiento en conocimiento y fraternidad.

La masonería es mucho más que una simple organización; es un camino hacia el crecimiento personal, autoconstrucción y la construcción de una comunidad basada en principios de verdad, justicia y amor fraternal.

Le invito abrazar estos principios con la mente abierta e inquisitiva. Aquí encontrarán no solo hermanos, sino una familia extendida que se apoya mutuamente en la búsqueda de un mundo mejor. Recuerden que cada uno de ustedes tiene un papel único y valioso, y estamos aquí, para emprender junto en este hermoso camino.

Cada día debemos preguntarnos ¿Qué me motivo haber ingresado a la, orden? ¿Qué me motiva persistir en la orden? Cada uno de nosotros mis QQHH debemos hacerlo, cada día, ¿Qué espero de la masonería en general? ¿Qué espero de mis hermanos en particular?

Todas las interrogantes son válidas, pero, se responde y complementa, con otras grandes interrogantes, ¿Qué puedo y estoy dispuesto hacer por mi crecimiento personal?, ¿Qué puedo y estoy dispuesto hacer por la orden?, ¿Qué puedo y estoy dispuesto hacer por mis hermanos?, ¿Qué puedo y estoy dispuesto hacer, para mejorar la sociedad? … Cuando tengamos la respuesta correcta a estas interrogantes, esto nos indicara que hemos empezado a crecer, hemos empezado a encontrar el camino de la virtud, hemos empezado hacer masonería.

Mis QQHH somos herederos de la tradición y ritos de la masonería, que son fundamentales para comprender nuestra identidad y propósito.

Los pilares fundamentales de la masonería son:  la libertad individual, la igualdad de todos los seres humanos y la fraternidad universal; En un marco de tolerancia hacia las diferencias y el respeto mutuo, creando un espacio donde se valoran las diversas creencias y perspectivas.

La masonería es una tradición que ha perdurado a lo largo de los siglos, un faro de luz en la búsqueda del conocimiento y la moralidad. A través de sus rituales y símbolos, nos conecta con un legado de sabiduría que ha guiado a generaciones en su camino hacia la perfección y por este medio, la mejora de la humanidad. Al unirnos a esta fraternidad, no solo honramos una rica herencia, sino que también asumimos la responsabilidad de llevar adelante sus principios en nuestro tiempo y espacio.

 

lunes, 26 de agosto de 2024

 

De la perpendicular a la horizontal; plomada y nivel



La plomada la joya del 2do vigilante; está relacionada con la fuerza de gravedad y la palabra sagrada del primer grado es “fuerza”, que centra la perpendicular perfecta; que simboliza la búsqueda constante de la verdad, un objetivo central en masonería. Así como la plomada indica la verdadera verticalidad, los masones buscamos verdades fundamentales que sirvan como guías para comprender la realidad y la existencia, a su vez implica un proceso de autoevaluación constante, asegurándose de que la construcción de nuestro carácter y vida esté alineada con la verdad y la rectitud.

En este sentido, la plomada invita a los pensadores a cuestionar sus propias percepciones y creencias, a asegurarse de que están en plomada con la realidad objetiva y no distorsionadas por prejuicios o ilusiones Esto implica un proceso constante de revisión y ajuste, similar a cómo se utiliza una plomada para asegurar que una estructura permanezca recta y estable durante nuestra construcción.

El nivel; joya del 1er vigilante, que nos da la horizontal perfecta, es un símbolo que representa equilibrio, igualdad, equidad, armonía y estabilidad, esta última palabra sagrada del 2do grado, tanto en el pensamiento como en la acción. 

Este instrumento, adquiere un significado más profundo cuando se explora en el ámbito de la filosofía masónica, donde se conecta con ideas fundamentales sobre la justicia, la igualdad y el equilibrio en la vida humana y a la necesidad de encontrar un balance entre diferentes aspectos de la existencia: razón y emoción, trabajo y descanso, derechos y deberes, entre otros y en que ninguna parte de la vida domine o quede desatendida, sino que todas estén en proporción justa, creando un sentido de plenitud y bienestar.

En la ética aristotélica, el concepto de la mediana o el justo medio es central, y el nivel puede simbolizar esta idea. Aristóteles sostenía que la virtud reside en la moderación, en encontrar el equilibrio entre los extremos.

De la perpendicular al nivel, simboliza el movimiento desde la autoevaluación moral (plomada) hacia la aplicación de esos principios en la vida diaria, asegurando que el masón trate a todos con equidad y justicia (nivel).

La plomada asegura que el masón está bien fundamentado en sus principios, mientras que el nivel asegura que estos principios se apliquen de manera equilibrada y justa en sus interacciones con los demás.


 

La asiduidad y asistencia a logia


Desde los primeros pasos que damos en la masonería, aprendemos que nuestra evolución personal y espiritual está intrínsecamente ligada a nuestra participación activa en las actividades de la logia. Cada encuentro, cada ceremonia, cada tenida es una oportunidad invaluable para nutrirnos del saber y del calor fraternal que emana de nuestra comunidad.

La asiduidad, más que una obligación, es un compromiso con nosotros mismos y con los hermanos que nos rodean. La constancia en la asistencia nos permite no solo aprender de manera continua, sino también enseñar con nuestro ejemplo. Es en el trabajo diario, en la reflexión constante, donde logramos pulir nuestra propia piedra bruta.

Pero, además, la presencia de cada uno de nosotros fortalece el lazo que nos une como una cadena indisoluble. Cuando uno de nosotros falta, no solo perdemos su valiosa contribución, sino que se debilita el símbolo de unidad que nos caracteriza. Por tanto, estar presentes no es solo un acto de responsabilidad personal, sino también de respeto y lealtad hacia nuestros hermanos y hacia la Orden.

Sabemos que en el mundo profano las exigencias son muchas. El trabajo, la familia y otras obligaciones pueden a veces alejarnos de la logia. Sin embargo, recordemos que el templo interior que construimos requiere dedicación, y es en la logia donde encontramos los materiales y las herramientas para continuar con esa labor. Asistir, participar y contribuir activamente es la mejor manera de mantener viva la llama de la fraternidad y de nuestro propio crecimiento.

Así que os invito, queridos hermanos, a renovar nuestro compromiso con la masonería a través de la constancia. Sigamos alimentando este espacio sagrado con nuestra presencia, nuestras ideas y nuestro esfuerzo, sabiendo que cada reunión es una oportunidad de avanzar juntos en el camino hacia la luz.

Que la fraternidad nos guíe siempre y que la paz reine en nuestros corazones.

 

lunes, 19 de octubre de 2020

 

JONIA; LA FILOSOFÍA MILESIA: TALES, ANAXIMANDRO, ANAXÍMENES




 

 Las ciudades griegas de Jonia, situadas sobre las costas del Asia Menor, en la época de los primeros albores de la filosofía griega fueron quizá las más ricas y las más altamente civilizadas de las comunidades griegas. También parecen haberse distinguido por una actitud de desapego e indiferencia religiosa. Así vemos que los filósofos jonios muestran una notable indiferencia por la religión tradicional, lo que no quiere decir que no se sintieran profundamente afectados por ciertas modalidades griegas primitivas de considerar el mundo, que también hallan expresión en los mitos tradicionales.

 La primitiva filosofía jonia se halla representada por una sucesión de tres hombres: Tales, Anaximandro y Anaxímenes, todos de Mileto, que por esa época era la más rica y poderosa de las ciudades jonias. De ahí que el grupo reciba a menudo el nombre colectivo de milesios. El primero de ellos Tales, por tradición uno de los Siete Sabios de Grecia, no parece haber dejado nada escrito y nuestro escaso conocimiento de su doctrina descansa en una tradición que no se remonta más allá de Aristóteles, y así bien cada uno de los otros dos parece haber escrito una obra en prosa han desaparecido y otra vez es Aristóteles nuestra fuente más antigua para el conocimiento de sus respectivas doctrinas. En primer lugar, mostraron sumo interés por aquella habilidad técnica que, junto con la magia y la astrología, formó la sustancia de la antigua sabiduría sacerdotal de Babilonia. Fueron astrónomos prácticos, agrimensores y geógrafos. Tales predijeron eclipses, Anaximandro pasa por haber inventado el reloj de sol, haber dibujado el primer mapa y ser autor de varios e importantes descubrimientos astronómicos. Se sintieron fuertemente atraídos por los meteora, es decir, por los fenómenos que se producen en las regiones situadas por encima de la superficie terrestre, el estado atmosférico y los movimientos de los cuerpos celestes.

 

 

QUE SIGNIFICABA LA FILOSOFÍA PARA LOS ANTIGUOS

        
                                  

La filosofía, en el sentido que generalmente se daba a la palabra en el mundo antiguo, puede definirse como la búsqueda de la verdad sobre la naturaleza del universo y del hombre, búsqueda que los antiguos filósofos y del hombre, búsqueda que los antiguos filósofos pensaron que podía conducir al logro y conocimiento seguro de esa verdad. Por otra parte, en el mundo antiguo no se experimentaba aún la necesidad de separar la filosofía de la teología y de la ciencia, lo que podría haber exigido una definición más precisa y elaborada. El primero de esos orígenes se produjo entre los jonios, alrededor del año 600 a.C., y su fuerza impulsiva parece haber sido lo que Aristóteles señaló como el comienzo de toda filosofía: la maravilla, la curiosidad por la naturaleza de las cosas, el deseo de conocer por conocer. La pregunta fundamental de los jonios es la siguiente: "¿Por qué las cosas son como son y acontecen como acontecen? ¡Qué curioso es el mundo!" En el segundo origen acaecido en las ciudades griegas del sur de Italia durante la segunda mitad del siglo VI a.C., el anhelo que llevó a buscar la verdad era distinto. Tratábase del ansia de definición, de la semejanza con Dios hasta donde ello fuera posible, a fin de evadirse de la vida mortal y retornar a aquella existencia divina de la que se creía que el alma había caído. La pregunta fundamental de los itálicos, de los pitagóricos, era: "¿Cómo puedo libertarme del cuerpo de esta muerte, de esta amarga y fatigosa rueda de la existencia mortal, y volver a ser un dios?"

 

Surge la pregunta, ¿Qué busca el homo sapiens en general, y el practicante del arte real en particular?