viernes, 26 de septiembre de 2025

 

La promesa equinoccial

Florecer antes de las hojas: una lección iniciática

Introducción

La naturaleza, en su silenciosa elocuencia, nos ofrece símbolos que iluminan nuestro propio camino iniciático. Al observar los ciruelos y duraznos en esta época, despojados aún de sus hojas, me sorprendió ver cómo brotaban ya sus flores, adelantándose al follaje que habrá de sostenerlas. Esta paradoja natural nos invita a reflexionar sobre la iniciación masónica y sobre el desafío de la existencia humana desde una perspectiva filosófica.

Desarrollo
En la iniciación masónica, el recipiendario entra al Templo privado de la luz exterior y de los soportes que lo han acompañado en su vida profana. Como el árbol desnudo en invierno, parece carecer de sustento. Sin embargo, la ceremonia lo impulsa a florecer primero: a pronunciar su compromiso, a manifestar su voluntad de transformación, antes de recibir el alimento de las enseñanzas, el abrigo de la fraternidad y la guía de la Sabiduría. El florecimiento anticipado es un acto de fe en la savia interior que ya lo habita, aunque él mismo no la perciba.

La floración temprana de los frutales nos enseña que la fuerza no proviene sólo de lo visible. Así como el árbol ha acumulado savia en el silencio del invierno, el iniciado ha preparado su alma en la quietud de la búsqueda, en la noche de sus preguntas y desvelos. El brote que antecede a la hoja es símbolo de ese momento fundante, donde la belleza y la promesa aparecen antes que el sostén racional y visible.

Desde la filosofía existencialista, este gesto encuentra un eco profundo. Kierkegaard nos habló del salto de fe: atreverse a dar un paso sin garantías, confiando en lo invisible. Sartre, por su parte, nos recuerda que el hombre se define por su acto de elegir, incluso cuando carece de fundamentos absolutos. Así también florece el árbol: sin certezas de sol o de lluvia, desplegando su colorido en medio de la intemperie, porque su ser lo llama a manifestarse.

El existencialismo y la iniciación convergen en esta verdad: no siempre tenemos todas las hojas antes de dar nuestro fruto, pero es en la valentía de florecer cuando comienza nuestra verdadera transformación.

Conclusión
Queridos Hermanos:
La enseñanza de los ciruelos y duraznos en flor es clara: debemos atrevernos a florecer aun en la desnudez, confiando en la savia que la vida ha depositado en nuestras raíces. La iniciación masónica nos invita a ese mismo acto de osadía: dar el paso hacia la Luz aunque todavía no tengamos el sustento de todas las certezas. Y la filosofía existencialista nos recuerda que somos libres para elegir ese gesto de afirmación, aunque el mundo no nos garantice seguridad alguna.

Que nuestras flores, como las de los frutales, sean el testimonio de nuestra confianza en la vida, en el Oficio y en la fraternidad. Y que, tras ese florecimiento valiente, vengan las hojas que nos sostengan y los frutos que alimenten a otros.

S:.F:.U:.

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