miércoles, 8 de abril de 2026

 

El azul es azul

El azul es azul.

El azul es triste cuando no lo ves.
El azul es triste cuando no estás en él.

Cuando lo atraviesas
y al otro lado
descubres
que ya no es azul.

El azul es azul
solo en la cúpula visible,
en el arco inmenso
donde los ojos reposan
y el corazón cree
que el mundo tiene forma.

Pero más allá del horizonte,
donde la mirada se pierde
y el alma queda sola,
el azul se vuelve silencio,
se deshace
como una promesa
no pronunciada.

Allí el cielo ya no es cielo,
ni el horizonte es horizonte;
todo se vuelve distancia,
todo se vuelve pregunta.

Y cuando faltas,
cuando tu presencia no lo habita,
el azul se apaga lentamente
como un fuego lejano.

Entonces comprendo
que el azul es azul
solo mientras alguien lo mira,
solo mientras alguien existe
dentro de su silencio.

Porque el mundo,
sin una conciencia que lo habite,
es solamente materia
girando en silencio.

Y el azul —ese azul que amamos—
no es más que la huella
de nuestra presencia
sobre el infinito.

Una forma delicada
en que la existencia
nos recuerda
que el universo
necesita de nuestros ojos
para volverse hermoso.

En el azul la conciencia descansa:
allí la calma se vuelve profundidad,
la nostalgia abre la puerta del infinito
y el alma aprende a contemplar
el misterio silencioso de existir.

Más allá…
donde la mirada termina,
el azul es triste.

Porque allí
ya no estás.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario