viernes, 26 de septiembre de 2025

 

SOLSTICIO DE INVIERNO 2025

Hermanos del Silencio y de la Luz, herederos del fuego que no se extingue, guardianes de la llama secreta que arde aún en la noche más larga

Introducción:

El solsticio de invierno marca el instante en que el Sol alcanza su menor altura aparente en el cielo, dando lugar a la noche más larga del año y al día más breve. En el calendario natural, es un punto de inflexión: el tiempo de oscuridad culmina, y comienza, aunque imperceptiblemente, el retorno de la luz. Esto ocurrirá exactamente el día 20 de junio a las 22:41 minutos, para nuestro país.

Nos reunimos hoy no para temer la oscuridad,

sino para honrar su lección.

Porque solo quien ha descendido

puede comprender el valor de la ascensión.

Y solo quien ha abrazado el Silencio

puede escuchar la Voz que realmente importa.

Para muchas culturas antiguas, este momento era sagrado. Y para el camino masónico, también lo es. El simbolismo del solsticio nos invita a una pausa profunda, a un recogimiento interior que nos conecta con el ciclo eterno de muerte y renacimiento, de silencio y palabra, de sombra y revelación.

En este Solsticio de Invierno,

cuando la luz visible se retira hacia el misterio,

invocamos la claridad invisible

que solo se revela en el corazón del iniciado.

Este no es un tiempo de acción externa, sino de labor interior. De encender la luz en el centro del Templo, cuando afuera reina la noche. Es un llamado a mirar hacia dentro, a evaluar nuestro trabajo, a reconocer nuestras sombras y a redescubrir la llama que nos habita.

Que la noche no nos asuste,

pues es en la profundidad del invierno

donde germina la semilla del despertar.

Hermanos del Silencio y de la Luz,

hagamos del Templo un lugar sagrado,

de nuestra quietud, una ofrenda,

y de nuestra conciencia, un faro.

En esta plancha deseo compartir una meditación simbólica que une la belleza del fin del otoño con la profundidad espiritual del solsticio.

Expondré una reflexión, nacida de observar la naturaleza, que aun me asombra y conmueve, que llega al alma, y espero que, al compartirla con mis hermanos, llegue también a vuestras almas, y unirnos en la contemplación, meditación, de los ciclos que transforma a esta naturaleza, que también compromete nuestras existencias, ya que formamos parte de esta.

Hoy no venimos a buscar respuestas.

Venimos a sostener la pregunta con dignidad.

A templarnos como el acero,

en la fragua interior de la espera y el sentido

Queridos Hermanos, apelando a vuestra fraternidad y a vuestra tolerancia, os invito a entrar conmigo en un relato, a veces realista, a veces surrealista, pero siempre profundamente humano, inspirado en existencialismo del francés Jean Paul Sartre, el psicoanálisis del sueco Carl Gustav Jung; y de la compasión y perdón del psiquiatra austriaco Viktor Frankl.

Que este instante sea un umbral.

Que esta sombra sea matriz de aurora.

Y que la Luz que nacerá no venga de afuera

sino del fuego redescubierto en nuestro interior

Os pido que no juzguéis con la lógica, sino que escuchemos juntos con el alma,
como quien entra a un templo sin paredes, a un sueño que es también memoria,
a un símbolo que late con abstracción y misterio.

Os invito, con humildad, a transitar estas palabras como un viaje, no como un fin,
sino como un regreso a lo que siempre estuvo allí, esperando que lo miremos sin miedo: solo debemos buscarlo.

 

2.- DESARROLLO

2 a) Meditación solsticial: Entre la Bruma y la Luz…En el umbral del solsticio de invierno

Finaliza el otoño,
y con él se despide en silencio una estación que aún canta en colores.
Las hojas caen como suspiros antiguos:
rojas, naranjas, verdes, amarillas
dejando tras de sí una sinfonía de colores:
hojas rojas como brasas antiguas,
naranjas que recuerdan la luz del mediodía,
verdes que aún resisten la despedida,
y amarillas como vestigios del Sol en retirada…
alfombras vivas que crujen bajo los pasos del tiempo.

Los cerros, guardianes del horizonte; testigos del tiempo
se tornan azules y celestes,
reflejando en el rio Bio-bío
una serenidad que invita al recogimiento.
El río, eterno aprendiz y maestro,
nos recuerda que el cambio no es ruptura,
sino continuidad, que todo fluye

Una bruma leve —mestiza de niebla y humo
se posa sobre los tejados,
se cuela entre las ramas desnudas,
envuelve los hogares y los corazones,
como símbolo de lo velado,
de aquello que sólo el verdadero iniciado
puede reconocer: un velo entre mundos
el de afuera, que se enfría;
el de adentro, que comienza a arder.

Hermanos, estamos en el umbral.
La noche más larga se avecina.
El sol parece dormirse bajo el horizonte,
pero no desaparece:
se recoge, se concentra,
preparando su retorno.

Así también nosotros, hijos del Templo,
debemos recogernos.
No para dormir, no para descansar; sino para despertar.
No para huir de la oscuridad,
sino para encender en ella la luz de lo esencial.

Porque el solsticio de invierno no es sólo la noche más extensa,
sino el punto exacto donde la luz comienza a regresar.
Y ese punto; está también en nosotros.

En lo profundo del Taller,
bajo el manto de la noche simbólica,
resuena una sola verdad:
la luz no muere, se repliega.

El Fuego Sagrado no se extingue,
aguarda, bajo la piedra,

como brasa viva en el corazón del iniciado.

Y así, mientras la naturaleza se transforma,
también nosotros nos preparamos para el recogimiento del invierno,
ese tiempo de adentro, donde también pueden renacer fuegos.

Porque todo final es un umbral,
y todo ocaso, es promesa de oriente De un nuevo amanecer.

Que el silencio de este solsticio sea fértil.
Que el frío purifique.
Y que, en el crisol del invierno,
se temple el verdadero masón
el que no teme la noche
porque conoce la promesa, conoce la senda al hacerla…

 

2 b) En el Umbral del Silencio: Meditación sobre la Luz, la Oscuridad y la Transformación"

 

En el principio, solo había silencio.

Y el silencio no era ausencia,

sino latido invisible, gesto contenido,

promesa de un nombre aún no dicho.

Entonces vino la Oscuridad.

No como enemiga, sino como cuna.


En su vientre reposaba la semilla que aún no conocía la forma,

pero ya deseaba la llama.

Allí, en lo más hondo, donde todo parece detenerse, algo comienza.

La Oscuridad me habló no con palabras, sino con memoria.

 

Me recordó todo lo que fui antes de olvidar: el barro, el fuego, la estrella,

 el vestigio de una antigua elección.

Y cuando ya no pude huir de mí,

cuando el velo cayó y vi mi sombra reflejada en la piedra,

entonces vino la Luz. No como fulgor repentino,

sino como susurro que roza el alma sin herirla.

 

La Luz no borró la Oscuridad. La abrazó.

Juntas danzan como aliento y pulmón,

 como agua y sed,

como pregunta y despertar.

 

Comprendí entonces que no hay transformación sin noche.

 Que la aurora es hija del abismo. 

Que la herida es también umbral.

 

Hoy camino entre ambos mundos,

con la lámpara encendida y la sombra a mi lado.

No como carga, sino como guía.

Porque ya no temo caer,

sí en el fondo me espera mi verdad más desnuda.

 

2 c)   El Símbolo: Lenguaje de lo Inefable, Odisea Interior del Iniciado Consciente

Cuando la palabra dejó de alcanzarme,
el símbolo se alzó
como una antorcha sin fuego,
pero con sentido.

No decía. …Sugería.
No explicaba …revelaba.

Y yo, que venía de la Oscuridad,
comencé a ver
no con los ojos
sino con el alma entrenada
en el arte de lo invisible.

Cada forma era una vibración.
Cada gesto, un espejo.
Cada figura callada
contenía un abismo:
la estrella,
la piedra,
la escuadra,
el compás

no eran cosas,
eran preguntas vivas.

Comprendí que el símbolo
no busca ser entendido…sino habitado.
Que no se posee…se caminaSe respirase encarna.

Allí donde el intelecto se detiene,
comienza su reinado.
Porque el símbolo no da certezas,
da sentido.
Y en su ambigüedad
reside su fuerza.

El iniciado no recita símbolos,
los atraviesa.
Cada símbolo es una puerta
y cada iniciado una llave.
Cada símbolo un silencio
y yo…
y yo una voz que aún no sabía cantar.

En el centro del Templo,
vi el signo más sencillo:
una piedra.
Y entendí:
nací como materia sin forma,
pero fui llamado
a volverme obra.

No hay símbolo más profundo
que la vida
cuando se ofrece
como sendero de transformación.

Así, entre velos, empecé a ver.

Y en ese ver sin ojos,
y escuchar esa palabra no dicha,
en esa imagen que ardía,
nació la primera luz.

Todavía débil.
Todavía temblorosa.
Pero mía.

Y supe que estaba más cerca.

La Oscuridad me había enseñado a mirar.
Ahora el símbolo me enseñaba a comprender.
Y la Luz…
la Luz ya no era promesa,
la luz era el camino.

 

REFLEXION FINAL

QQHH:. Vivimos en un tiempo donde la claridad se nos ofrece como valor supremo, donde la luz es celebrada y la oscuridad temida. Sin embargo, el sendero iniciático nos ha mostrado una verdad más profunda: la transformación no acontece en la superficie luminosa, sino en las profundidades veladas por la sombra.

Al cerrar los ojos del cuerpo, se abren los del alma. En esa interioridad, nos descubrimos en una caverna sin faroles ni estrellas, donde lo único que habita es nuestra propia conciencia. Es allí, y no en otro sitio, donde comienza el verdadero viaje. No hacia afuera, sino hacia el centro de nuestra oscuridad.

Pero la oscuridad, Hermanos, no es castigo ni error:
Es matriz. …Es pausa. …Es la noche que acuna al día que aún no ha nacido. Y allí, en ese centro, late una brasaPequeña…Persistente…Eterna.

Esa brasa es lo que aún queda de nosotros cuando todo lo demás se ha desvanecido. Es el fuego cósmico, el símbolo vivo de la conciencia que no se extingue, incluso cuando el mundo exterior ha cesado de iluminar. Al reconocerla, comenzamos a recordar quiénes fuimos… y más aún, quiénes podríamos volver a ser si aceptamos el fuego de la transformación.

Porque ese fuego no quema en el sentido profano.
Ese fuego revela.
Nos muestra las máscaras que llevamos.
Nos muestra la piedra bruta aún por tallar.
Y nos invita, una vez más, a volver a comenzar, a volver elegir.

Así QQHH:  La oscuridad ya no es pozo, sino es una cuna.
Ya no es amenaza, sino crisol de posibilidades.
Y nosotros, que fuimos caminantes temerosos,
aprendemos a ser antorchas vivas,
que iluminan sin destruir,
que arden sin consumir,
que alumbran el camino propio y el de los demás.

Este proceso, Hermanos, no es instantáneo.
Como todo verdadero trabajo, requiere voluntad, constancia, y humildad.
La piedra no se pule con un solo golpe,
ni el alma despierta con un solo amanecer.
Pero, si reconocemos la brasa bajo la piedra,
si le damos al fuego el espacio y la forma,

la transformación no solo es posiblesino inevitable. La invitación, esta noche entonces, es no solo a buscar la luz,
sino a descender confiadamente en nuestra sombra.
No para perdernos,
sino para reencontrarnos.
Y desde allí, desde lo más profundo,
renacer… como luz, como fuego.
Como símbolo vivo del Arte Real.

QQHH de Virginio Gómez González …QQHH de Fraternidad

Somos Hermanos en la Luz y somos hermanos en la Noche,
siempre en tránsito,
siempre en silencio,
siempre en transformación
.

S:.F:.U:.

 

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