lunes, 19 de octubre de 2020

 

JONIA; LA FILOSOFÍA MILESIA: TALES, ANAXIMANDRO, ANAXÍMENES




 

 Las ciudades griegas de Jonia, situadas sobre las costas del Asia Menor, en la época de los primeros albores de la filosofía griega fueron quizá las más ricas y las más altamente civilizadas de las comunidades griegas. También parecen haberse distinguido por una actitud de desapego e indiferencia religiosa. Así vemos que los filósofos jonios muestran una notable indiferencia por la religión tradicional, lo que no quiere decir que no se sintieran profundamente afectados por ciertas modalidades griegas primitivas de considerar el mundo, que también hallan expresión en los mitos tradicionales.

 La primitiva filosofía jonia se halla representada por una sucesión de tres hombres: Tales, Anaximandro y Anaxímenes, todos de Mileto, que por esa época era la más rica y poderosa de las ciudades jonias. De ahí que el grupo reciba a menudo el nombre colectivo de milesios. El primero de ellos Tales, por tradición uno de los Siete Sabios de Grecia, no parece haber dejado nada escrito y nuestro escaso conocimiento de su doctrina descansa en una tradición que no se remonta más allá de Aristóteles, y así bien cada uno de los otros dos parece haber escrito una obra en prosa han desaparecido y otra vez es Aristóteles nuestra fuente más antigua para el conocimiento de sus respectivas doctrinas. En primer lugar, mostraron sumo interés por aquella habilidad técnica que, junto con la magia y la astrología, formó la sustancia de la antigua sabiduría sacerdotal de Babilonia. Fueron astrónomos prácticos, agrimensores y geógrafos. Tales predijeron eclipses, Anaximandro pasa por haber inventado el reloj de sol, haber dibujado el primer mapa y ser autor de varios e importantes descubrimientos astronómicos. Se sintieron fuertemente atraídos por los meteora, es decir, por los fenómenos que se producen en las regiones situadas por encima de la superficie terrestre, el estado atmosférico y los movimientos de los cuerpos celestes.

 

 

QUE SIGNIFICABA LA FILOSOFÍA PARA LOS ANTIGUOS

        
                                  

La filosofía, en el sentido que generalmente se daba a la palabra en el mundo antiguo, puede definirse como la búsqueda de la verdad sobre la naturaleza del universo y del hombre, búsqueda que los antiguos filósofos y del hombre, búsqueda que los antiguos filósofos pensaron que podía conducir al logro y conocimiento seguro de esa verdad. Por otra parte, en el mundo antiguo no se experimentaba aún la necesidad de separar la filosofía de la teología y de la ciencia, lo que podría haber exigido una definición más precisa y elaborada. El primero de esos orígenes se produjo entre los jonios, alrededor del año 600 a.C., y su fuerza impulsiva parece haber sido lo que Aristóteles señaló como el comienzo de toda filosofía: la maravilla, la curiosidad por la naturaleza de las cosas, el deseo de conocer por conocer. La pregunta fundamental de los jonios es la siguiente: "¿Por qué las cosas son como son y acontecen como acontecen? ¡Qué curioso es el mundo!" En el segundo origen acaecido en las ciudades griegas del sur de Italia durante la segunda mitad del siglo VI a.C., el anhelo que llevó a buscar la verdad era distinto. Tratábase del ansia de definición, de la semejanza con Dios hasta donde ello fuera posible, a fin de evadirse de la vida mortal y retornar a aquella existencia divina de la que se creía que el alma había caído. La pregunta fundamental de los itálicos, de los pitagóricos, era: "¿Cómo puedo libertarme del cuerpo de esta muerte, de esta amarga y fatigosa rueda de la existencia mortal, y volver a ser un dios?"

 

Surge la pregunta, ¿Qué busca el homo sapiens en general, y el practicante del arte real en particular?

jueves, 13 de agosto de 2015

El tiempo, y nuestra sociedad contemporanea

Hoy vivimos tiempos, sin tiempo, vivimos tiempos donde ha dejado de existir el prójimo, el prójimo cercano, para darle paso al prójimo lejano, el prójimo virtual, conversamos, jugamos, sufrimos con personas al otro lado del mundo por medio de la web, y nos aislamos de nuestro entorno inmediato. 

Hemos conquistados espacios de libertad, pero, voluntariamente o no, hemos conquistado la “libertad de”, sin haber conseguido la “libertad para”: para ser uno mismo, para ser productivo, para estar plenamente despierto. 

Como sociedad hemos permitido dejar que la producción de bienes deje de ser un medio para vivir mejor, sino hoy se utiliza la producción como un fin en sí misma, fin al cual ha quedado subordinada la vida del hombre, nuestra vida. 

Esta enajenación y automatización nos ha conducido a un desequilibrio mental cada vez más acentuado. Vivimos una vida sin sentido, sin alegría, sin fe, sin esperanza, sin realidad. Todo el mundo es feliz salvo, que no siente, ni razona, ni ama. 

Vemos a diario la caída en diferentes áreas respecto a la moral, a la ética, a la pobreza espiritual, la desorganización política, la falta de probidad, y lejos de estar una verdadera democracia. Por resultado vemos un pueblo incrédulo, violento en sus demandas legitimas o no, autorreferente, egoísta, dispuesto a exigir sus derechos y demandas sin importar el prójimo, y menos cumplir con sus deberes. 

Se plantea la idea del “hombre masa” sin capacidad de elegir, sin espontaneidad, irresponsable, gobernado por sus reflejos condicionados dando como resultado un hombre dividido en dos grupos: “condicionadores” y “condicionados”. 

Mostrar el nefasto efecto social e individual, que se genera en un medio que hace del hombre sea, solo una especie de máquina, relativiza e incluso desecha la parte espiritual en su desarrollo y evita que use la capacidad humano-divina de pensar, es decir, se convierte más y más al hombre en un ser alienado. 

¿Qué pretendemos como sociedad? Que seamos “seres humanos universales”, “globalizados”,”, personas útiles a la empresa, a las arcas fiscales, a la sociedad de consumo? 

En donde pensemos que para ser felices debemos ser exitosos, líderes, cuando realmente para alcanzar la anhelada felicidad y libertad debemos, como dice Heidegger trascender, ser capaces de abrirnos hacia el mundo, no permanecer encerrados en nosotros mismos, cayendo preso en las cosas dadas, externas, tenemos que ser capaces de vivir una vida “auténtica”, dejando de vivir determinados por las posesiones. 

Por eso no hay ceder, quedan muchas batallas, quedan muchos frentes que conquistar, con fe y esperanza en el ser espiritual y meliorista que todos llevamos dentro.

domingo, 9 de septiembre de 2012

la tolerancia ¿un dogma en masonería??


 La Tolerancia ¿Un dogma en masonería?

La palabra tolerancia, se deriva del verbo, tollerare, del latín; que significa soportar o aguantar. Es la actitud de la persona que respeta las opiniones ajenas y modos de comportamiento, aunque no coincidan con los suyos.
La tolerancia corresponde a una virtud cívica, fundamental para la praxis democrática, enmarcada en el campo mayor del pluralismo.
La práctica de la tolerancia, enunciada desde el primer día de nuestra iniciación, emerge como, como una virtud, que encabeza todo pensamiento y proceder masónico.
Siendo el ser humano, único e irrepetible, es condición inherente también de ser  diferentes, unos  otros, que se manifiesta en su fenotípica, como en su infinito universo del pensar y actuar. Por estos motivos es la base de la convivencia social, y de un vivir en democracia, en donde el consenso de las mayorías, prime en el desenvolvimiento de la sociedad, aunque esto no contente  todos. Es por esto que el sistema democrático es el más aceptado ante el resto de los sistemas, aunque la humilde opinión de este escritor, es que no es el mejor. Afirmo esto considerando, que en democracia, prima el pensamiento de  la mayoría, la cual no es la más culta, y capaz de las determinaciones que debe conducir a un estado, la noocracia, el gobierno de los más capaces, por lógica racionalista debiera ser el mejor. La Noocracia, es un sistema social y político que está basado "en la prioridad de la mente humana", según Vladimir Vernadsky, también se desarrolla en los escritos de Pierre Teilhard de Chardin.
Sócrates ya sugirió este sistema. El primer intento de aplicar esa política es tal vez el sistema de Pitágoras "ciudad de los sabios", que planteaba desarrollar en Italia junto con sus seguidores, el orden de "mathematikoi." En la historia moderna, un concepto similar fue presentado por Vladimir Vernadsky, aunque no utiliza este término, sino el término "noosfera".
Según la definición de Platón, noocracia se considera como el sistema político del futuro para toda la raza humana, sustituyendo a la democracia (“la autoridad de la multitud") y a otras formas de gobierno. La aristocracia de los sabios (mirar Sofocracia), tal como definió Platón es un sistema Noocratico.
Retomando la idea de la tolerancia, en nuestro país el 50,4% de la población cree que los chilenos somos más tolerantes que hace diez años. Así lo reveló una encuesta realizada a nivel metropolitano por la empresa Ipsos a solicitud del Ministerio Secretaría General de Gobierno y la División de Organizaciones Sociales (DOS).
Pese a este resultado, el 77,2% de los encuestados señalaron que creen que como país debemos avanzar aún más en este tema y que todavía nos falta por avanzar en materia de tolerancia. Entre los resultados que arrojó el sondeo, se desprende que el 73,6% de los entrevistados confesó no haber sido nunca objeto de discriminación y el 80% de la población se muestra partidario de legislar para castigar las actitudes discriminatorias.
Asimismo, el estudio destaca que entre quienes reconocen haber sufrido discriminación (26,4%), un porcentaje mayoritario indican que las principales razones para ser discriminado son: grupo socioeconómico (42,6%), edad (41,3%) y aspecto físico (27,1). Por otra parte, al denominar cuál es el lugar en que más se han visto afectados es en el trabajo (38%).
Un dato preocupante, y para tener en consideración, lo constituye el hecho que dentro del porcentaje de personas que reconoce haber sido discriminado, un 10.9% dice haber sufrido de esta situación al interior de su casa o con su propia familia. Esta cifra supera a otros puntos donde se señalaba que se producían situaciones de discriminación, tales como un centro de estudio (7.3%); una comisaría (7.1%) o un restaurante (4.9%).
Si nos remontamos a Gandhi (1869-1948). Señala no me gusta la palabra "tolerancia", pero no encuentro ninguna mejor. El amor nos enseña a tener por la fe religiosa de los demás el mismo respeto que tenemos por la nuestra. La tolerancia no es indiferencia por la propia fe, sino amor más puro e inteligente por esta fe. Está claro que la tolerancia no es confusión entre el bien y el mal, entre lo justo y lo injusto. Sin embargo, señalaba, la tolerancia es ya un gran paso, sobre todo cuando educa en el conocimiento y en el respeto del otro, del que es distinto, del extraño. Este comportamiento no debe ser indiferencia, confusión o sincretismo vano y vago. Es conciencia de la diferencia, pero también de la posibilidad - a través de un diálogo recíproco - de alcanzar una convivencia, una armonía, una solidaridad. Gandhi decía que no es solamente no hacer mal al otro, sino también ayudarlo a superar las dificultades de ser extraño para sentirse acogido y respetado echando fuera miedos y reacciones guerreras.
En nuestro país, en una carta al director, toca la distancia entre las leyes y sus aplicaciones y la impunidad, en el siguiente comentario en su parte primera al diario El Mercurio de Santiago de Chile dice, Señor Director:
"El peligro de la tolerancia y el dejar hacer puede significar el derrumbe del orden social establecido. Hoy vemos cómo los niños, menores de edad, se toman los colegios, escupen a los mayores, destruyen mobiliario escolar, o simplemente decretan     paro    de       actividades.
¿Dónde están sus padres?, ¿qué hacen las autoridades locales, municipales y, en último término, el Gobierno? Conversan con ellos. Se buscan soluciones. Dialogan. Bien, pero los niños continúan. Piden más, y vuelven a pedir más. El riesgo de exponernos como adultos a sus exigencias, más allá de que sea legítima o absurda, es inaceptable.
Este es un problema social o sociológico. ¿Cómo abordarlo?, ¿por la fuerza?, ¿suspendiendo a quienes dirigen al alumnado, expulsándolos? Claramente hay que adoptar una solución como sociedad”. Dice en su parte medular.
Después de recurrir a estos extractos de ideas a modo de introducción, volvemos a la idea de la tolerancia considerada unos de los pilares de la masonería, como un valor irrenunciable, casi imponible, si no practico la tolerancia; no puedo ser masón, y en nuestro entorno nacional, se habla más que nunca, acerca de la tolerancia y discriminación.
Tanto en logia, como en la comunidad profana; ¿hasta cuándo hay que ser tolerante? Está claro que la tolerancia debe ser practicada, hasta que los sujetos, sobre los cuales hay que practicarlas, caen en la franca inmoralidad o criminalidad, no se puede tolerar, el abuso de las libertades, el atropellos de los derechos y libertades de cada ciudadano, sin perder el norte, que todos los derechos, están sujetos a el cumplimiento de los deberes que la misma sociedad que otorga estos derechos, impone el cumplimientos de los deberes. Esto en un contexto que el ciudadano acepta vivir, al amparo de una sociedad que les otorga muchos beneficios, pero, que requiere de él, un compromiso que debe cumplir.
No hay duda que en nuestra sociedad tanto masónica como profana, estamos falto del respeto y disciplina, lo que permite un desarrollo no armónico de ellas. Cabe pensar cuan responsable somos cada uno de nosotros, de estas falencias; propiciando en nosotros mismos y demás, la falta de compromiso con el bien común, protegiendo estas situaciones con una mal entendida tolerancia, que a veces, se ve como desinterés de lo que pasa tanto en logia como fuera del templo.
Hoy más que nunca, se requiere activa participación del masón, tanto en su logia como en la actividad convulsa de nuestra sociedad, llevando como bandera la tolerancia, pero no como un dogma, sino con reflexiva aplicación; así como también alzar la voz, para condenar el mal, la injusticia y el crimen. La tolerancia no es un dogma.
                                                          

La espiritualidad laica

 Publicado por Malena
Algunos filósofos ateos se atreven a formular doctrinas espirituales sin Dios.
Dos filósofos franceses están reivindicando una tesis que en tiempos pasados hubiera sido considerada una herejía: la moral no es monopolio de las religiones.
Dos ensayos, “El espíritu del ateísmo!, de André Compte-Sponville y el “Tratado de ateología”, de Michel Onfray, tienen el objetivo de asumir los desafíos de la época moderna y retomar el antiguo ideal de la sabiduría, como reflejan las obras de Friedrich Nietzsche, Karl Marx y Sigmund Freud.
Según Compte-Sponville, un ateo puede tener los mismos valores judeocristianos (no matar, no robar, etc.), porque la moral no es privativa de la religión ya que un creyente fanático puede transgredir los valores de su religión y asesinar en su nombre.
La moral es una elección consciente y el humanista, como no tiene ningún Dios, tiene que decidir ser moral con su conciencia.




El judaísmo y el cristianismo apoyan la Ley y la creencia, defienden la obediencia y la sumisión, la castidad, la virginidad, la fidelidad monogámica y creen en el más allá y la vida sacrificada.
El ateo no cree en Dios y también cree que Dios no existe, en cambio el agnóstico no cree que Dios exista o que no exista, deja esta cuestión en suspenso.
Compte-Sponville no cree que Dios exista porque la propuesta de una vida eterna en el paraíso es para él demasiado bella para ser creíble. De este modo, se identifica con el pensamiento de Ludwing Feuerbach, que consideraba a Dios una mentira genial que le da sentido a la vida y valoriza al hombre.
La ateología es la ciencia que se dedica a desarmar la estructura religiosa, e intenta descubrir los mecanismos confabuladores mediante la psicología y el psicoanálisis, pone a prueba los libros de testimonios y coordina este trabajo con la filosofía; con el propósito de alcanzar una ontología materialista, una física de la metafísica, una teoría real de la inmanencia.
M- Onfray comienza tratando de demostrar la futilidad de la prueba ontológica de San Anselmo del siglo XI, que define a Dios como un Ser perfecto que no se puede concebir sin existencia. Señala los ejemplos de engaño a través de la historia de las religiones y enfatiza su lado oscuro.
Compte-Sponville construye dos grandes líneas de la espiritualidad atea: el éxtasis, que es el sentimiento oceánico que se puede experimentar sin ninguna creencia; y la espiritualidad, que no es monopolio de los creyentes.
Luego, ataca la prueba cosmológica que Leibniz apoyó, que postula que si el mundo existe debe tener una causa y que tal causa no puede ser otra que Dios; y reduce a cenizas otros argumentos sobre su existencia.
Sin embargo, el estudio muestra de inmediato sus límitaciones, que el ateísmo se reduce a explorar las causas.
En el siglo XIV, cuando el ateísmo se identifica como lo contrario al cristianismo, Guillermo de Ockham distingue lo temporal de lo espiritual y dejará libre la razón de la fe.
Para Ockham, si la filosofía se reduce a las causas no puede servir a la teología, porque no hay relación entre estas dos disciplinas y de esta manera abre una larga brecha donde tendrán cabida, aquellos que instaurarán el reino de la ciencia y del humanismo.
Denis Diderot (1713-1784), se inscribe a favor de una religión que llama natural, defendiendo un punto de vista materialista y ateo, creyendo en una moral social en la que pueden converger la felicidad individual y el bien general.
Muchos ateos de hoy se adhieren a la epopeya del libre pensamiento, que se asemeja a la voluntad de pensar libremente de Espinoza o Montaigne.
Aunque otros, a partir del siglo XVIII, plantean la falsedad de las religiones, no son ateos en sentido estricto, ya que su universo mental está teñido de religiosidad, pero reconocen que la iglesia ha perdido el control que ejercía sobre la sociedad.
Hoy, el ateísmo sobrevive de dos maneras, en los que luchan por la defensa del laicismo apoyando la razón en contra de la religiosidad y los que se adhieren a los argumentos de Compte-Sponville.
Sin embargo, la espiritualidad atea aún no se ha construido.
Fuente: “Filosofía Hoy”; “Las grandes preguntas de la filosofía”.

martes, 19 de junio de 2012

La Noética



Desde el punto de vista filosófico, la noética se refiere al pensamiento objetivo e inteligible, capaz de aprehender el objeto tal cual es. Es la ciencia que estudia el poder y la naturaleza del pensamiento a través de la conciencia, la intuición, el sentimiento, la razón y los sentidos; y que explora el alma y el espíritu, en relación con la realidad material. Es la nueva ciencia del pensamiento que intenta comprobar la influencia de la mente sobre el mundo físico y que aspira a ser la ciencia que conjugue todo tipo de conocimiento humano y una el intelecto con el espíritu.
Para los griegos la noética representaba el conocimiento intuitivo; para Platón “noesis” era el conocimiento más elevado, o sea la capacidad del alma de captar las ideas del mundo inteligible y para Aristóteles la noética era su doctrina de la inteligencia.
Para los estudiosos de la noética la conciencia es el poder que tiene la mente para modificar la materia.
Dan Brown, autor del libro “El símbolo perdido”, se refiere a la noética como la comprensión más profunda del pensamiento humano que tenían los antiguos sabios, que no contaban con los avances científicos y tecnológicos actuales.
Siguiendo el concepto de Dan Brown, en este libro de ficción, en el que hace una nueva interpretación de documentos antiguos de distintas culturas, sostiene que los libros sagrados son una fuente de conocimiento codificados que continuamente mencionan el poder interior del hombre y su capacidad para dominarlo, por medio de la fe y el estado profundo de concentración.
El cerebro puede desarrollar poderes superiores a los humanos y generar energía capaz de transformar el mundo físico y si los pensamientos producen una reacción en las partículas, también pueden cambiar el mundo.
Si Dios nos creó a su imagen y semejanza también nos legó su poder creador. Sólo le falta al hombre tener conciencia de esta verdad para poder realizar ese potencial.
La ciencia, que ha considerado hasta ahora a los hechos espirituales pura superstición sin fundamento, tendrá que reconocer que su frontera es precisamente la fe y la creencia.
Sin embargo, aunque potencialmente tengamos el poder de transformar la materia y de materializar todo lo que deseamos, aún no sabemos cómo ponerlo en funcionamiento, porque se necesita tiempo y esfuerzo para aprenderlo.
Para hacer realidad una intención de la conciencia es necesario un gran poder de concentración que deje de lado todo lo demás, una visualización con todos los sentidos y una fe profunda.
Hay personas que lo podrán lograr con más facilidad que otras y también se facilita este proceso si se realiza en grupo, ya que las mentes que trabajan juntas multiplican su efecto, como ocurre con la oración y la meditación; porque el poder de Dios no es sólo uno sino que es el poder de todos nosotros que hemos sido creados por Él.
La ciencia noética ha sido relacionada a los fenómenos paranormales, las teorías extraterrestres, las experiencias de vida después de la muerte y con todo acontecimiento esotérico vinculado con el espíritu, por personas con una visión del mundo cientificista y cerrada, que consideran que el conocimiento científico es la única forma de conocimiento posible y que más allá de la razón y de la experiencia física no hay más nada.
La neurociencia dice que la realidad que conocemos es una de las actividades del cerebro, también están los sueños y no sabemos qué otras actividades tendrá, ya que sólo usamos el diez por ciento del cerebro para funcionar.
Aceptemos que sabemos apenas muy poco de la realidad y que nuestros métodos han sido hasta ahora insuficientes para la solución de los problemas que nos aquejan; y reconozcamos que puede haber otra forma de conocimiento más eficaz que conduzca a una mayor comprensión del mundo y a la paz de la humanidad.
Esa postura de apertura es lo que necesitamos para poder avanzar, porque lo contrario es el estancamiento y el suicidio.
Sólo descubre la verdad el que se atreve a trascender los límites, e imagina otra cosa más allá de ellos aunque le parezca increíble.
Fuente: “El símbolo perdido”; Dan Brown.

viernes, 16 de diciembre de 2011

El misterio del tiempo




El tiempo es un misterio y más aún después del descubrimiento de Einstein, de que tiempo y el espacio son relativos; de lo cual se puede inferir que el pasado debe ocupar un lugar en algún lado y que los viajes en el tiempo serían posibles.


Cuando vemos las estrellas en el firmamento estamos presenciando lo que ocurrió en el pasado sin necesidad de emplear ninguna técnica, solamente mirando hacia arriba.


Todos experimentamos el paso del tiempo pero nadie lo conoce.


El cambio y el movimiento hacen a la vida y al tiempo. Si no hubiera cambio tampoco habría tiempo ni vida; sería la eternidad.


El tiempo mide la duración de la vida, de los fenómenos y de los procesos; y sin tiempo no hay nada de eso.


La vida es una sucesión de momentos presentes que duran apenas un parpadeo para convertirse a cada instante en pasado.


El tiempo es una cadena de acontecimientos y marca la continuidad de la vida, el pasado, el presente y el futuro.


Pero el pasado ya pasó y el futuro todavía no llegó, sólo nos queda el presente que no es nada.


El recuerdo es el que hace que el pasado siga vivo y la esperanza crea el futuro.


Estamos capturados en el tiempo presente, porque todo lo demás no es real, porque sólo el acto de aquí y ahora es real, aunque inmediato y tan inaprensible que apenas podemos tener conciencia de él.


Como nuestra existencia depende de un pasado que es producto de la memora, de un presente que deja de serlo a cada momento y de un futuro imaginado; el tiempo parece ser una construcción mental.


Vivir en el presente es vivir en la eternidad, no en el tiempo, porque en la eternidad no existe el tiempo.


El presente es la experiencia del cambio, el pasado es el resultado y el futuro una probabilidad.


El presente es lo único que tenemos, nuestra única oportunidad de ser y de actuar.


A todos nos falta tiempo futuro, pero el presente está a nuestra disposición. Sólo el tiempo presente es, el pasado y el futuro no son.


Yo soy el que soy hoy, en este preciso instante, quien fui en el pasado ya no soy ni tampoco quien seré en el futuro.


El presente es la única prueba de nuestra existencia real.


¿Quién soy yo sin el tiempo, sin mi pasado y sin mi proyección en el futuro? No soy nada.


Somos seres de tiempo no de eternidad, porque tenemos conciencia.


Los animales viven la inmediatez porque no tienen conciencia de sí mismos. Es el hombre el que crea el tiempo como medida humana de duración.


Kant dice que el tiempo es una forma “a priori” de la sensibilidad, antes que una realidad objetiva en sí. Una cualidad del sujeto.


No es el tiempo el que pasa, somos nosotros los que pasamos.


Aunque el presente es lo único que es, no podemos ignorar nuestra memoria ni nuestra imaginación o voluntad.


Estar en el presente no es borrar la memoria o los objetivos, porque nuestra memoria y nuestros propósitos forman parte de nuestro presente.


El presente es la oportunidad de la acción, del pensamiento, de la memoria y de la esperanza; es vivir de verdad.


Fuente: “Invitación a la filosofía”; Andre-Comte-Sponville, Paidós.